De Maestro a sumiso. 3a Parte de 3.

Faltaba media hora para que dieran las 6pm, pedí un whisky para darme valor porque estaba verdaderamente nervioso reviviendo la escena de la semana anterior. De pronto se abrió la puerta y allí estaba ella con un vestido blanco muy ceñido al cuerpo, tacones igualmente blancos, cabello suelto y lentes obscuros que unos segundos mas tarde retiro de su cara. Me aseguré que las sillas a mi derecha e izquierda estuvieran vacías para ella. Se dirigió hacia el bar y se sentó a mi derecha, mi plan estaba en marcha.

Apenas se hubo sentado, le pedí al cantinero que le sirviera una copa del mismo vino que ella había tomado de la semana anterior. Ella me miró intentando recordar si me conocía de antes mientras yo le pedía una disculpa por mi atrevimiento. Sonrió y dijo, usted es? Mi nombre es Patricio Robledo a sus pies. En ese momento le trajeron su copa de vino; volteó la mirada y me ignoró por completo. Me quedé mudo sin saber qué más decirle para atraer su atención. Media hora mas tarde cuando terminó su vino se dirigió a mí y me dijo. No es usted quien la semana pasada torpemente abrió la puerta sin mirar y golpeó mi brazo? Sentí como si me hubieran echado un balde de agua fría; tenía la esperanza de que hubiera olvidado aquel incidente bochornoso Señora.

Tengo muy buena memoria y aquel día debería de haber sido castigado. Sonreí nervioso y ella se quedó mirándome directo a los ojos. No lo cree justo acaso? Me imagino que si, contesté. Ya que está de acuerdo conmigo termine su whisky, salgamos y sígame en su auto a mi casa.

Lo que escuché en su voz no era una pregunta sino una orden así que la seguí obedientemente. Al llegar a su casa me dio una botella de vino y me dijo que sirviera 2 copas mientras ella iba a ponerse cómoda. Obviamente pensé como pensamos los hombres, es mi día de suerte y me voy a acostar con una Mujer hermosa.

Serví el vino y tome asiento en la sala. 15 minutos mas tarde regresó de su recamara vestida con pantalones negros de cuero, corset y botas negras muy altas. Traía en la mano un fuete y sonrió burlona cuando notó mi desconcierto.

No dijiste que merecías un castigo por lo de la otra tarde? me dijo. Comencé a tartamudear pues no pensé que estuviera hablando en serio en el bar, pero a su vez no quería quedar como un mentiroso y menos como cobarde. Si Señora.

Se sentó a mi lado, tomó su copa y me dijo que me sentara en el suelo. Al ver que no hacía lo que me había pedido, me tomó del cabello y me obligó a obedecerle. Estaba tan confundido, pude haber salido corriendo pero quería estar allí con ella. Me tenía bajo su dominio y me gustaba, me excitaba.

Con el fuete señaló el bulto que había entre mis piernas. Tenía una erección inmensa, estaba avergonzado pero no podía hacer nada para remediarlo. Empujó mi cabeza a sus pies y me dijo que con mi lengua limpiara sus botas y así lo hice. Me pidió que me desnudara y lo hice. Me dijo que le pidiera perdón de rodillas y también lo hice.

Me dijo que me acostara sobre sus piernas con las nalgas arriba y comenzó a darme nalgadas. primero como jugando y cada vez lo hacía con mas fuerza. Me ardía pero la erección seguía y el rozar sus piernas lo empeoraba. Se acercó a mi oido y me dijo, no se te ocurra venirte o vas a saber para que son los fuetes.

Me controlé y después de golpearme por largo rato me dijo. Eres una buena mascota, vístete y siéntate a mi lado para terminar nuestra copa. Obviamente así lo hice, seguí erecto todo el tiempo que estuve con ella, pero parecía no importarle. Al terminar me dijo que me perdonaba y que me quería como su mascota. Realmente no estaba seguro del significado, lo único que sabía es que nunca me había sentido así y acepté de muy buena gana.

Al día siguiente comenzó mi entrenamiento y ya llevamos 2 años en una relación D/s y jamás en mi vida he estado mas feliz.

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